domingo, 19 de abril de 2009

Europa presenta un estado carencial en la ingesta de micronutrientes

Ésta es una de las principales conclusiones que se extrajeron del Seminario de Prensa Europeo sobre Vitaminas que se celebró en Madrid, organizado por Bayer Healthcare.

Los adolescentes, debido a su rápido crecimiento y desarrollo, son uno de los grupos más vulnerables. Según una revisión de estudios sobre la ingesta de vitaminas en jóvenes europeos realizada en 2008, se observa una deficiencia de vitaminas B1y B2. Por el contrario, los niveles de folatos son correctos.

"Hay vitaminas que se encuentran fácilmente en los alimentos, pero en otras hay que ser cautos", expuso Marcela González-Ross, vicedecana de Calidad y Asuntos Internacionales de la Universidad Politécnica de Madrid y ponente en el seminario. Y añadió la influencia de los hábitos de vida. "En jóvenes fumadores se observa un déficit de vitamina C y ácido fólico. La obesidad y el sobrepeso están relacionados con niveles bajos de vitaminas B12, C, D y betacaroteno. Además, también aumenta la homocisteína".

Alimentación saludable
Una correcta alimentación y selección de los nutrientes ingeridos parece ser la clave para proteger la salud. "En España se habla de dieta mediterránea, pero luego no se realiza. La población come mal y no le importa hasta que se presenta un problema de salud", añade González-Gross. A esta circunstancia cabe añadir la situación socioeconómica de la familia. Y es que, según refleja el estudio Avena, que evalúa el estado nutricional y metabólico de los adolescentes españoles, cuanto mayor sea el nivel de estudios de la persona, mejor será la selección de alimentos que haga.

A nivel general, los estudios demuestran que la vitamina D y los folatos son deficitarios en todos los grupos de edad. En ancianos existe también un déficit de vitamina B12, según expone un estudio realizado por el Ministerio de Sanidad en 2004. Esta carencia, explicó González-Gross, se debe al envejecimiento del tracto intestinal, diseñado para partir los alimentos, extraer los nutrientes que se absorban y eliminar los que no.

Las vitaminas también juegan un papel esencial en los procesos neurológicos. "El declive cognitivo comienza a partir de los 35 años y los micronutrientes podrían ayudar a mitigarlo", expuso David Kennedy, de la Universidad de Northumbria, Newcastle (Reino Unido). El complejo de la vitamina B se vincula con la fijación de los neurorreceptores en el cerebro. "La vitamina B6 actúa a nivel de las depresiones y la B1 y B12 son necesarias para un desarrollo neurológico e intelectual correcto", explicó. Por otro lado, diversos estudios demuestran que las vitaminas antioxidantes como la C y la E mejoran el rendimiento cognitivo y su ingesta previene el riesgo de sufrir demencia.

Pero, ¿serían necesarios los suplementos vitamínicos? Jesús Gómez, de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac), expone que cualquier suplemento que exceda de las cantidades recomendadas debe controlarse para evitar la toxicidad. Por su parte, González-Gross, sostiene que los suplementos en dosis fisiológicas no provocan toxicidad. "Como mucho picores cutáneos". En este sentido, la Unión Europea está trabajando en la elaboración de un documento que permita evaluar los riesgos en seguridad alimentaria de una excesiva ingesta de micronutrientes.

Sobre el terreno

¿Cómo reacciona usted ante la petición de vitaminas?

Elena Mateos, Ciudad Real
"Hay que saber para qué tipo de persona son"
"Lo primero que pregunto es para qué tipo de persona son las vitaminas y por qué motivo se solicitan. Por ejemplo, en los niños es necesario saber si se lo ha recomendado el pediatra porque está demasiado cansado y saber su edad para administrárselas en gotas si es muy pequeño o en cápsulas".

Julia María Cid, Orense
"No seguimos un protocolo en la dispensación"
"No seguimos un protocolo determinado para dispensar vitaminas. Unicamente preguntamos si se alimenta bien, si está sometido a alguna situación de estrés o toma medicación que pueda interaccionar con el complejo".

María Aragonés, Madrid
"Averiguamos sus necesidades"
"Intentamos hacer un análisis previo del paciente para saber cuáles son sus necesidades y qué suplementos necesitarían".

Instrumentos de cirugía olvidados dentro de ti

A todos nos sobrecoge la idea de entrar a quirófano. Una operación quirúrgica siempre entraña riesgos. La imaginación, en estos casos, se dispara. De modo que si eres especialmente sensible para estas cosas, te recomiendo que no sigas leyendo.

Aunque suene inverosímil, existen más casos de los que la gente cree de instrumentos que los cirujanos se dejan olvidados dentro de un cuerpo operado. Normalmente las enfermeras son las responsables de contar con precisión la cantidad de instrumentos empleados con el paciente. Si hay un error en el conteo, entonces no se debe coser y cerrar al paciente hasta que se verifique el número de objetos. Si es necesario se puede incluso realizar una radiografía durante la operación para localizar los objetos que faltan. Pero lo cierto es que esta clase de errores se suceden en muchas ocasiones. Más de las que nos gustaría.

En Estados Unidos incluso hay bufetes de abogados especializados en demandar a hospitales por este asunto.


Normalmente, estos objetos ocasionan dolores insoportables en la vida cotidiana del paciente, que en principio se suelen adjudicar a los dolores normales de la operación. Como el caso de un paciente que vivió con un instrumento quirúrgico alojado en el vientre.

Lo que más se suelen dejar dentro de nosotros, no obstante, son las gasas o toallas. Hay pacientes que han sentido náuseas durante días por este motivo. Hasta que finalmente, vomitó una pequeña toalla de 50 centímetros de longitud, por ejemplo. No había lugar para las dudas: la toalla llevaba escrita en rojo el emblema del hospital donde el paciente había sido intervenido.

Hay pacientes que han llegado a vivir durante 7 años con unas pinzas en el tórax. Existe otro caso de una mujer que vivió con otras pinzas en el intestino por espacio de 30 años.

Sólo en un año se pueden registrar 250 casos de objetos olvidados dentro de cuerpos. Sin duda, el más exagerado, fue el caso de un paciente al que, tras pasarlo por rayos X, descubrieron que se habían dejado en él un aparato para medir la tensión.

Como si uno se llevara un souvenir tras la experiencia.

Pone un poco los pelos de punta imaginarse que a uno le puede pasar algo así cuando entre a quirófano. Pero supongo que, después de todo, es una minoría de casos: el medicina siempre existe un margen de error, por mucho que el cirujano haya practicado horas y horas con el famoso juego de habilidad Operación.

El mito de la comida con hierro: las espinacas y las lentejas

Odio las espinacas. Siempre las he odiado y siempre las odiaré. Ecs. Su sabor me resulta vomitivo. Su olor me produce náuseas. Sin embargo, un tal Popeye y una sociedad analfabeta y gregaria convenció a mi madre de que debía comer espicanas día sí y día también para absorber sus infinitos yacimientos de hierro.

Y es que los saberes populares y los remedios de la abuela siempre revisten este problema: o son verdaderos y funcionan o son completamente falsos y parece que funcionan.

Pero ¿por qué la gente sigue creyendo que las espinacas tienen mucho hierro? No hay espacio aquí para ahondar en el proceloso asunto de los memes. Pero sí puedo contaros los antecedentes históricos del asunto.

En los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, se detectó en los Estados Unidos un alarmante incremento de anemias ferropénicas entre los niños. Las autoridades encargaron a un presunto experto la búsqueda de un alimento rico en hierro para introducirlo en la dieta infantil.


El comisionado leyó en un texto científico alemán que las espinacas contenían mucho hierro, sin fijarse en que se trataba de una errata de imprenta. Pero el mal ya estaba hecho.

Una gran campaña gubernamental ya se había desatado, y para apoyarla se mandó crear un personaje de ficción: Popeye. Un marino de brazos deformes que nació en 1929 de la pluma de Elzie Crisler Segar.

Pero la triste (para los niños) realidad era que las espinacas sólo contienen 17 miligramos de hierro por cada kilo de verdura. Las judías cocidas, por citar un ejemplo, llegan a los 76.

Las lentejas también son otro mito que aún hoy se mantienen. Además de lo de “si quieres te las comes y si no las dejas”, argumento que no sirve con las madres, también se las consideran fuente de hierro. Pero las lentejas tienen escaso hierro. Además, contienen fitatos, calcio y fosfatos, que insolubilizan casi todo el hierro, que no se aborbe y se incorpora a las heces.

Si queréis hierro de verdad, tanto hierro que os confundan por la calle con Supermán (aunque él fuese de acero, pero bueno), os recomiendo entonces unos buenos berberechos, que contienen 260 miligramos por cada 100 gramos. Y además los podéis aderezar con pimentón, 236 miligramos por cada 100 gramos. Y si lo acompañáis de morcilla (300 miligramos cada 100 gramos), entonces os aseguro que en poco tiempo os pareceréis a Iron Man.

Superhéroes más cotidianos: la ciencia para hacer verosímil un superpoder (I)

De pequeño quería ser Supermán. Lo que más deseaba en el mundo era volar y llevar la ropa interior por fuera. Y salvar a la gente.

Cuando nos hacemos mayores, enmascaramos ese deseo por sobresaltar mediante ardides menos llamativos: nos convertimos en artistas, millonarios, futbolistas o políticos, por ejemplo. Porque ésos son los verdaderos superhéroes: individuos que aprovechan sus habilidades para escalar socialmente (por supuesto, esto sólo es una tendencia inconsciente).

Pero aparco para otro día las sutilezas del altruismo, el egoísmo y el estatus, procelosos asuntos que requerirían un post aparte. Hoy me quiero centrar en la ingenuidad que destilan los superhéroes de ficción, los de portada de cómic, los que llevan mallas. Una ingenuidad que podría ser subsanada con un poco de ciencia.

Curiosamente, la mayoría de géneros de ficción basculan entre lo infantil y lo adulto, entre el encefalograma más plano y el infinitamente aserrado. Existen, por tanto, historias de amor tontas y predecibles, pero también las hay inteligentes y llenas de matices. Lo mismo sucede con las historias de gangsters. Con las comedias. O, incluso, con las de naves espaciales surcando el espacio (sin hacer chiu chiu al disparar su láser).

Con las historias protagonizadas por superhéroes, sin embargo, no ocurre lo mismo. El fiel de la balanza se inclina indefectiblemente hacia la ramplonería y la lisura psicológica, cuando no hacia la simple tomadura de pelo.


Supongo que es un problema endémico en todas las narraciones que cuentan con elementos sobrenaturales o prodigiosos en su trama. La mayoría de las reacciones de los personajes de las películas de terror, por ejemplo, se nos antojan ridículas a poco que reflexionemos sobre ellas. Los fantasmas se comunican con sus seres queridos mediante susurros inquietantes, y ninguno de ellos se caracteriza por su claridad expositiva. Dan miedo, sí, bien que para ello nos vemos obligados a suspender nuestra incredulidad hasta niveles que rozan la oligofrenia.

No obstante, las historias de superhéroes no logran salir nunca del fango simbólico y cándido en el que fueron fraguados, condenadas normalmente a ser consumidas por nerds con acné y otros personajes disfuncionales e insulares. O gente que que no piensa, simplemente (a veces yo logro hacerlo, por lo tanto también las consigo disfrutar). Afortunadamente, en esta última década, parece que la cosa está cambiando, aunque aún quede un largo trecho por recorrer.

Taquillazos como X-men, Spiderman, Batman (la de Christopher Nolan, por supuesto) o Superman Returns intentan presentarnos unos personajes con más facetas en su personalidad (aparte del afán desmedido por matar malos). Son buenos intentos, engarzados con el aforismo barato de “un gran poder entraña una gran responsabilidad“, pero, por lo común, vuelven a atascarse en las mismas inconsistencias.

¿Quién se traga que un millonario que ha perdido sus padres a mano de un rufián catalice su tormento con látex negro y gadgets inverosímiles? Un servidor, al menos, no se fiaría de un tipo así. Pero más aún deberíamos reprocharle al blandengue de Supermán en su último filme. ¿Qué diablos pretende un extraterrestre salvando de sus desdichas ínfimas a cuatro, cinco o veinte norteamericanos por día? ¿Este fantoche ignora lo que supone que seamos seis mil millones de habitantes? ¿Conoce cuánta gente muere por segundo? ¿Ha visitado algún país del tercer mundo, como el Chad, para hacer algo por él? No, Supermán prefiere evitar el descarrilamiento de un tren. Porque Supermán no presta su ayuda en realidad, no se implica como debería: no es más que una noticia maniquea en la sección de sucesos de un periódico sensacionalista.

(Aún recuerdo mi profunda indignación en el cine cuando Lois Lane tiene un hijo de este extraterrestre impresentable. Sin problemas de incompatibilidad genética, por supuesto. Supermán quiere ser papá, y su hijo habrá heredado sus poderes. Pero Supermán no donará su semen para que nazca un equipo de superhombres que ayuden de verdad al mundo. Ni tampoco se dejará someter a experimentos científicos que determinen la causa de sus poderes, pues Supermán no está interesado en las implicaciones que ello supondría: cura de enfermedades, la evolución de la humanidad, mayores conocimientos…).

Las incontables utilidades de la aspirina

La gente cree que la aspirina es una simple pastilla que tomamos cuando nos duele la cabeza. Pero es mucho más. Hoy en día continúa siendo el medicamento por excelencia.

Forma parte del Libro Guinnes de los Records, ha ganado un premio Nobel y fue elegida como uno de los cinco inventos imprescindibles legados por el siglo XX. Cada segundo que pasa, la aspirina es consumida por 2.500 personas en todo el mundo, y se calcula que han circulado alrededor de 350 billones de comprimidos a lo largo de sus escasos 100 años de historia.

Como escribió Ortega y Gasset en 1930, “la vida del hombre medio es hoy más fácil, cómoda y segura que la del más poderoso en otro tiempo. ¿Qué importa no ser más rico que otros si el mundo lo es y le proporciona magníficos caminos, ferrocarriles, telégrafos, hoteles, seguridad corporal y aspirina?”

Algunas de sus utilidades principales son:


-Analgésico: la cefalea es el dolor más frecuente de los que sufre el ser humano. Sólo el 4 % de la población no conoce este dolor. La Aspirina se toma para dolores de cabeza (el 14% de su uso), dolores de muelas, óseos, musculares y de oídos.

-Antiagregante plaquetario: se usa en un 37 % de las ocasiones para prevenir accidentes cardiovasculares, que son la causa principal de muerte e invalidez en Occidente. El hecho de que el fármaco actúe de forma muy rápida, en menos de 20 minutos, le confiere un papel importante en el tratamiento del síndrome coronario agudo, tanto si es un infarto de miocardio como una angina inestable.

-Antiinflamatorio: la inflamación se describe en los libros clásicos por 4 síntomas: hinchazón, calor, enrojecimiento y dolor. Es la expresión de los mecanismos de defensa del organismo mientras se intenta reparar un tejido dañado.

-Antipirético: la aspirina también sirve para disminuir la fiebre.

-Antirreumático: la palabra reumatismo suele englobar una serie de enfermedades agudas o crónicas que afectan a las articulaciones. La Aspirina se usa para dolencias con dolor e inflamación, como la artritis reumatoide, lupus erimatoso, artropatías soriásicas, osteoartropatías inflamatorias, etc. La ventaja de la Aspirina frente a otros fármacos es su baja toxicidad y precio.

-Cáncer: la Aspirina reduce el riesgo de cáncer de colon y recto en el 40 % de los casos si se toma 2 veces por semana. Existen estudios que revelan también un posible efecto beneficioso en la prevención del cáncer de mama.

-Alzheimer: un estudio de 1997 ha revelado que en una dosis similar a la empleada como antiinflamatorio, la Aspirina tiene un efecto neuroprotector sobre las células del cerebro, evitando la muerte del 83 % de las neuronas, lo que reduce el riesgo de sufrir Alzheimer.

-Sida: Existen estudios de laboratorio que sugieren que, al reducir ciertos procesos inflamatorios, el uso de Aspirina puede la enfermedad, contribuyendo a mejorar funciones inmunitarias y quizás a ralentizar la replicación del VIH, reduciendo los niveles de ciertos mensajeros químicos que son los que desencadenan el crecimiento del virus.

Además de todo lo dicho, la Aspirina también ayuda a reducir el riesgo de elevación de presión sanguínea durante el embarazado. Previene ciertos tipos de cataratas. Ayuda a prevenir la migraña en pacientes que no toleran los betabloqueantes y los calcioantagonistas. Se ha citado su influencia beneficiosa, con distintas dosis y en determinados casos, para evitar abortos por síndrome de Hughes, para cálculos biliares, en el control de tumores hepáticos, para la diabetes mellitus, en el tratamiento del alcoholismo y en forma tópica en el herpes zóster, en las quemaduras solares y picaduras de insectos.

La Aspirina. La panacea, oigan.

Libros de ciencia un poco raros

En los primeros años del siglo XX, un grupo de jóvenes matemáticos franceses inventó a Nicholas Bourbaki, y al firmar sus artículos con este nombre lo convirtieron en el fundador de una de las corrientes más importantes del pensamiento matemático del siglo XX. Una de sus obras, una enciclopedia titulada Éléments de mathématique (Elementos de matemáticas), de 1939, dedica nada menos que 200 páginas a hablar de todo tipo de cuestiones relativas a un único número. Y no hablan de Pi, ni de ningún otro número curioso, sino del número en apariencia menos llamativo de cuantos tenemos: el 1.

En libros de medicina, seguro que el del famoso médico holandés Herman Boerhaave (1668-1738) gana por goleada a cualquier otro que se haya escrito sobre la materia. Dejó a su muerte un manuscrito sellado con su último libro en el que había prometido revelar los más profundos secretos de la medicina. El libro sellado se vendió caro en una subasta, habida cuenta de que el autor ya se había cosechado una muy buena reputación en vida. La sorpresa vino cuando se abrió el sello y se leyó el contenido.

Todas las páginas estaban en blanco excepto el prólogo. Y en él, el autor recomendaba como remedios universales dos sencillos principios: mantener la cabeza fresca y los pies calientes para no acatarrarse.


Aunque los libros más vendidos de cualquier librería siempre son de ficción (y normalmente novelas llenas de lugares comunes), también existen casos de obras ensayísticas que han llegado a niveles de ventas muy destacables. Dejando a un lado la obra más vendida de todos los tiempos, La Biblia (aunque aquí los exegetas aún no se ponen de acuerdo en si se trata de ficción o de no ficción), dos de los libros con mayor índice de ventas y difusión en el mundo antiguo fueron precisamente obras de carácter científico.

El libro de texto con más éxito en la historia de la humanidad fue un libro de geometría: Elementum (Elementos), de Euclides (315-225), escrito alrededor del 300 a. De C. De él se hicieron más de 1.000 ediciones y fue, con diferencia, el libro técnico más leído durante siglo. El Harry Potter de la época, vamos. ¿Vamos a peor?

El otro libro es una obra de consulta. Naturalis historia, del escritor romano Plinio el Viejo, donde registraba unas 20.000 entradas sobre todo tipo de temas y reseñaba más de 2.000 libros anteriores. Su secreto para conseguir tal nivel de trabajo era relativamente simple: se había acostumbrado desde joven a dormir un máximo de 3 horas cada noche, así aprovechaba

miércoles, 18 de marzo de 2009

Prevenir el estrés en tu lugar de trabajo

Los tips o consejos para prevenir el estrés en nuestro lugar de trabajo son imprescindibles ya que nos pasamos una tercera parte del día trabajando.
¿Quieres conocer tips o consejos prácticos que te ayuden a reducir el estrés en tu lugar de trabajo?


Algunos tips para reorganizar tu lugar de trabajo o tu forma de organizar tu jornada laboral:

Procura de poder mirar hacia un lugar que de al exterior. Es decir poder mirar hacia un parque, jardín, o a la calle.
Sino tienes un lugar hacia el exterior para mirar ponte una planta, o un ramo de flores, para que la naturaleza este presente.
Usa la luz natural y sinó luz de bajo consumo color amarilla o cálida.
Procura que los colores de tu lugar de trabajo sean claros, suaves y calidos.>
Desde tu puesto de trabajo, la puerta de entrada que esté visible.
Mantén los elementos de tu escrito ordenados y con la menor cantidad de elementos posibles. Sólo ten los que vas a usar.
Ten en tu computadora un descanso de pantalla.
Si en tu lugar de trabajo hay calefacción o aire acondicionado, es conveniente dejar una pequeña abertura de la ventana o puerta, para que circule el aire.
Cuando te vayas deja alguna ventana abierta para que se renueve el aire.
Cuando salgas, aunque sea por unas horas, apaga tu computadora. Le darás descanso a ella y ahorrarás energía.
Si tienes reuniones, date un espacio, entre una y otra, de 20 minutos.
Si puedes ten una música suave en cuanto al ritmo y al volumen.
Haz una cosa cada vez: Es decir si estas contestando mails, no hables por teléfono y viceversa.
Si puedes ten sólo un teléfono prendido: el de línea o el celular, y sino es posible no dejes una conversación telefónica por atender el otro teléfono; cuando concluyas una devuelves la otra.
Tomate un tiempo para salir a almorzar.
Si estás mucho tiempo sentado...
El estrés en nuestro lugar de trabajo también se acentúa si estamos mucho tiempo sentados y especialmente si es frente a la computadora.

Nuestro cuerpo trata de compensar el estrés y la postura y así algunas de las cosas que suceden es que se fuerza la vista, genere tensión en la musculatura del cuello provocando dolores de cabeza, contracturas musculares, tortícolis, adormecimiento de las manos, dolor en las muñecas, ojos irritados, etc.

Los siguientes tips o consejos son útiles, pues, cuando el estrés en el lugar de trabajo viene provocado por el hecho de pasar mucho tiempo sentado o frente a un computador:

Que tu silla tenga respaldo.
Si es posible que tu silla sea de madera.
Que el respaldo te sostenga principalmente la zona baja de la columna (zona lumbar).
Tu escritorio debe estar a unos 20cm aproximadamente de tus muslos.
Mantente apoyado, sentado sobre tus isquiones (huesos que se encuentran en la pelvis).
Que entre tus piernas y tus caderas haya un ángulo de 90°.
Mantén tus piernas descruzadas la mayor parte del tiempo.
Que tus pies apoyen en su totalidad en el piso.
Mantén la cabeza alineada con la columna.
Aproximadamente cada media haz algún estiramiento y cambia de posición.


Autor: Mariana Scaturchio
Eutonista. Coach ontologico y Corporal