lunes, 17 de noviembre de 2008

¿Cuál es su forma de pensar?

Aunque el pensar constituye una conducta invisible, tenemos consciencia de que transcurre en nuestra propia mente, y vemos los resultados de la forma de pensar de los demás en las soluciones que encuentran y las decisiones que toman. Lo que no vemos es que los engranes de la mente funcionan de muy diversas maneras en grupos de individuos.

Por ejemplo: consideremos a dos personas a punto de comprar un auto nuevo. Una de ellas lleva a cabo una investigación de consumo y un análisis financiero amplísimo; la otra, en cambio, prefiere guiarse por lo que ve y siente. Todos reunimos datos y sacamos conclusiones, pero tenemos muy diferente estilos de pensar.

El cuestionario que aquí proponemos es la adaptación de otro, más extenso; le dará a usted un atisbo de las cinco modalidades básicas que describen mejor su estilo de pensar: sintetizador, idealista, pragmático, analítico o realista.

El total más alto sugiere su estilo de pensar predilecto. Sólo el 15% de la población, poco más o menos, emplea por igual todos los estilos de pensar, mientras que el 50% tiene un sólo estilo preferido. El 35% restante obtiene alta calificación en dos o, en ocasiones, tres áreas, lo que hace que esas personas sean pensadores que cuentan con dos o tres armas de reflexión.

Cuestionario

En la casilla situada a la derecha de cada aseveración, escriba 5, 4, 3, 2 o 1, indicando con honestidad el grado hasta el cual se parece más a usted (5), o menos (1). Escriba cada número sólo una vez en cada aseveración.

A. En términos generales, asimilo mejor las ideas nuevas:

1. Comparándolas con las ideas de otros (S):
2. Comprendiendo cómo se asemejan a ideas que ya conozco (I):
3. Relacionándolas con actividades mías, actuales o futuras (P):
4. Por medio de la concentración y el análisis cuidadoso (A):
5. Aplicándolas a situaciones concretas (R):

B. Cuando leo un artículo sobre cómo ayudarse a uno mismo, doy mayor atención a:

1. Si las recomendaciones son factibles (R):
2. La veracidad, apoyada en datos objetivos (A):
3. La relación entre las conclusiones y mi propia experiencia (P):
4. El concepto del articulista acerca de lo que debe hacerse (I):
5. Las ideas obtenidas en la información (S):

C. Cuando oigo que dos personas discuten, tomo partido de quien:

1. Señala la razón del conflicto y trata de esclarecerlo (S):
2. Expresa mejor los valores e ideales implícitos (I):
3. Refleja mejor mis opiniones y experiencias personales (P):
4. Enfoca la situación con mayor lógica y congruencia (A):
5. Presenta argumentos con mayor fuerza y concisión (R):

D. Cuando me examinan o someten a prueba, prefiero:

1. Contestar a una serie de preguntas sobre el tema, que estén enfocadas en el problema y sean objetivas (R):
2. Hacer un informe por escrito que abarque antecedentes, teoría y método (A):
3. Redactar un informe superficial acerca de cómo he aplicado lo aprendido (P):
4. Rendir un informe oral sobre mis conocimientos del tema (I):
5. Sostener un debate con la participación de otros examinados (S):

E. Cuando otra persona hace una recomendación, prefiero que:

1. Tome en cuenta los inconvenientes, así como las ventajas (S):
2. Muestre cómo apoyaría la recomendación (I):
3. Indique claramente qué ventajas se obtendrán al aceptarla (P):
4. Apoye lo que recomienda con buena información y un plan definido (A):
5. Muestre cómo se podrá llevar a cabo esa recomendación (R):

F. Cuando reflexiono en un problema, es probable que:

1. Trate de imaginar cómo podrían resolverlo otras personas (R):
2. Intente encontrar el mejor método para resolverlo (A):
3. Busque maneras de lograr que el problema se resuelva rápidamente (P):
4. Trate de relacionarlo con un problema o teoría de mayor amplitud (I):
5. Piense en cierto número de medios opuestos para resolverlo (S):

Sume las calificaciones correspondientes a cada letra y anote los resultados en las letras inferiores. Las letras son iniciales, y corresponden a cada uno de los cinco estilos más comunes de pensar.

Totales:

S:
I:
P:
A:
R:

Resultados:

El sintetizador

Usted es una persona creativa y estimulante, que hace andar a todos de cabeza. Su fascinación por la filosofía especulativa lo aparta de las realidades concretas que son importantes para todos los demás.

Vislumbra usted varias maneras distintas de considerar cualquier posible verdad. El resultado es que discute siempre con vehemencia. La mayoría de las personas son pensadores lineales, que pasan de un pensamiento a otro en secuencia lógica. Usted salta de un pensamiento a otro, y a menudo los demás se quedan desconcertados.

Si su cónyuge o su mejor amigo es sintetizador, y usted no, recuerde que el sintetizador considera las discusiones no como algo que debe ganarse, sino como diversión. Si se sale por la tangente, deje que lo haga un rato; probablemente esté a punto de ocurrírsele una idea creativa. Sin embargo, debe prepararse para aportar la dosis de sentido práctico, sin llegar a destruir el entusiasmo del sintetizador.

El idealista

El idealista persigue el consenso apoyándose en las similitudes. Sabe escuchar, y se compromete con las metas, los valores y lo que sea conveniente para los demás; aprecia mucho la rectitud moral y la integridad. A menudo se reprueba a sí mismo por no haber logrado cumplir sus altas aspiraciones, y se desilusiona al ver que los demás se comportan con pocos escrúpulos o pasan por alto sus valores morales.

Más que a nadie, al idealista le preocupa el futuro. Pero suele exagerar al brindar apoyo a quienes no lo necesitan o no lo desean.

Si vive usted con un idealista, tome en cuenta que tal vez tenga expectativas carentes de realismo en cuanto a sí mismo y a los demás. Pregúntele de vez en cuando qué espera de usted y de sus hijos, por ejemplo. Tendrá que hablar con esta persona de metas y planes a largo plazo.

El pragmático

Si es usted una persona de pensar pragmático, tiene una visión positiva y dinámica de la vida misma. Como cree en que debe hacer hoy todo lo posible, jamás lo agobian los problemas. Sabe que mañana le brindará otra oportunidad para tratar de resolverlos.

Aunque ya ve con claridad hacia dónde va, y capta bien la realidad, la planificación pormenorizada no es su punto fuerte. Se concentra en hacer lo que se pueda, con los medios a su alcance. Es persona innovadora, está llena de recursos y no se estanca por querer hacer todo de la mejor manera posible.

Acepta las transacciones, el tomar y dar, y es maravillosamente adaptable, porque no siente la necesidad de enfrentarse a todo el mundo a la vez. Reduciendo a la oposición a sus verdaderas proporciones, usted puede vérselas, lleno de entusiasmo, con lo que parece una tarea imposible. Posee usted, en mayor grado que los demás, un excelente sentido de táctica, así como el toque maestro para negociar.

No espere usted que si hay un pragmático en su vida, él o ella trace planes para el futuro. Fijarse demasiados objetivos agobiaría a esta persona.

El analítico

Si usted es analítico, piensa que existe una mejor manera para hacer casi cualquier cosa. Para encontrar esa manera, el analítico decidirá racionalmente en qué consiste el problema, compilará pacientemente los datos y luego buscará cuidadosamente la fórmula correcta. Una vez hallado el mejor método, tal vez quede para siempre fijo en su mente. Por lo menos, hasta que algo mejor - y habrá que demostrarlo rigurosamente - se le presente.

El analítico es un pensador en términos concretos. Los sentimientos, deseos y fantasías, para él, pueden existir, siempre y cuando no ocupen una parte considerable en la toma de decisiones. También considera extemporáneas las lisonjas y las alabanzas. Por desgracia, su interés por la exactitud y la perfección, sin que las endulce ningún halago, pueden darle la imagen de ser despótico y ultra exigente.

Si algún miembro de su familia es analítico, tal vez sienta usted frustración por su interminable exigencia en que siempre se puede encontrar un método mejor. No interprete como reprobación la falta de entusiasmo; los analíticos tienden a cavilar mucho. Y trate de asegurarse de que el balance en su talonario de cheques esté correcto mes tras mes. Los analíticos consideran que la eficiencia equivale a la competencia.

El realista

Todo cuanto el realista sienta, oiga o viva, en cualquier forma, es para él una realidad emocionante. Todo lo demás es imaginación o teoría y, por tanto, no tiene gran utilidad. Le agradan los hechos, especialmente los que tiene enfrente, porque supone que el mundo es siempre tal como él lo ve.

Desconfía de las transacciones conciliatorias, de las síntesis, del idealismo y de las maneras suaves de tratar con el mundo. Ve claramente sus objetivos y no comprende por qué los demás no pueden verlos de esa manera. Aunque comparte con el pragmático la buena disposición para avanzar sin analizar ni profundizar demasiado, se aparta rápidamente en cuanto la conversación se convierte en una transacción conciliatoria.

Cuando trate usted con un realista, manifieste sucintamente los conceptos, sin entrar en demasiado detalle. Defienda sus ideas. Los realistas menosprecian a las personas condescendientes. Si ha aceptado algo, hágalo; la palabra no cumplida saca a relucir el peor aspecto de la personalidad de los realistas.

Conclusión

Cualquiera sea su estilo de pensar, recuerde que puede tener aspectos de varios de los mencionados.

En todo caso, ahora tendrá algo más claro cuál/es su forma particular. En base a esto, adapte las tareas a su modo personal de pensar, y acepte empleos que se presten mejor a su estilo. Pero rétese a sí mismo, en ocasiones, intentando algo que no le resulte tan natural. Todos somos capaces de ensanchar nuestra mente, y vale la pena hacer un pequeño esfuerzo para aprender nuevas estrategias de raciocinio.

Timidez y soledad

Por: Andrés Silva
Psicoterapeuta

Más o menos veces, con mayor o menor dolor, todos vivimos momentos de timidez y soledad en la vida. La diferencia es: cuánto se repiten, con qué intensidad y qué capacidad tenemos disponible para salir de esos “agujeros negros” en que eventualmente caemos.

Lo primero que hay que comprender es que es normal sufrir timidez o inseguridad en determinadas situaciones donde nos sentimos en una situación de inferioridad o desconocimiento de cómo actuar. Del mismo modo, es comprensible el deseo de aislarse después de un trauma, como la muerte de un ser querido o la ruptura de una relación.

Ahora bien, cuando estos estados - comprensibles - comienzan a aparecer con frecuencia, el asunto puede convertirse en un problema serio, dañando la vida emocional, social y afectiva de la persona.

¿Quiere librarse de estas pesadillas?

Deje atrás la soledad

Aislarse del mundo para encerrarse en casa o en el trabajo y así matar el tiempo libre es dañino para cualquiera. Hay quienes ante el mismo dolor prefieren asumir lo pasado como aprendizaje e intentan seguir adelante, sin negarse el dolor pero no teniendo el sufrimiento como lo único existente. Otras personas buscan compañía de la cual recibir apoyo y contención. Otros son felices con su propia compañía y aprovechan de meditar y buscar salidas efectivas del problema y ponen toda su fuerza en cumplir su deseo. Otras... se quedan solas “porque no tienen opción”.

Cuando comenzamos a observar la vida que transcurre a nuestro lado, comprendemos que muchísimas situaciones traumáticas no producen ese aislamiento. Pero sin duda son tan fuertes que “casi” justifican querer enterrar la cabeza bajo tierra, como un avestruz. Hay situaciones deprimentes como un duelo, una ruptura, la pérdida de un amigo, cambiar de empleo, ciudad o país que explican perfectamente nuestra necesidad o deseo de aislarnos.

Pero si la actitud es positiva, no nos estancaremos en esa situación, proyectándonos solos e infelices para siempre. Por el contrario, haremos uso de esa soledad para revisar nuestra vida y tomar nuevas fuerzas. Será nuestro momento de conocernos a nosotros mismos. Aislarnos por un tiempo puede ser una gran experiencia, por ejemplo, para probar y conocer cosas que deseamos sin rendir cuentas a los cercanos. Son los momentos de la verdad y la oportunidad de rehacer nuestra vida, dejando atrás lo insatisfactorio y rehaciendo lo bueno para que nada de lo que extrañamos nos falte.

Ahora bien, ¿qué hacer cuando la soledad comienza a incomodarnos? La respuesta es natural y sencilla: comenzar a abrirnos al mundo partiendo desde lo más cercano. Conocer vecinos, compañeros de trabajo o estudio, hablar con las personas que trabajan cerca de nuestro domicilio, etc. Desde allí comenzar a abrirnos a los nuevos círculos. ¿Por qué partir desde lo cercano? Porque son instancias de contacto más frecuente. De nada aprovecha conocer extraños si no les volveremos a ver. Eso sólo aumentaría nuestra frustración. Pero si a cambio, quienes conocemos nos presentan a sus conocidos, en poco tiempo nuestra red de contactos irá aumentando a través de personas confiables.

La experiencia nos dice que muchas de esas personas están igualmente interesadas en conocer a otros e incluso hasta puede causarles curiosidad nuestra historia personal. Y poco a poco iremos conociendo gente con nuestras mismas afinidades e intereses. El mismo principio hace recomendable comenzar a frecuentar grupos de aficionados a nuestros intereses (clubes, círculos de estudio, asociaciones, grupos, etc.) donde desde ya comenzaremos con un buen tema en común.

Lo importante es empezar a establecer relaciones e ir conquistando poco a poco esa vida social que deseamos construir. También podemos intentar contactar antiguas amistades que perdimos en el tiempo por falta de comunicación.

Finalmente, el punto sobre el que se basa nuestro cambio es la actitud. Nadie desea estar con alguien de mal espíritu y mala voluntad, que todo el tiempo se queja y acentúa sólo lo malo (*). Todos evitamos permanecer junto a personas que nos contaminarán con su aire enrarecido a queja. La buena voluntad nace espontáneamente cuando vemos sufrir a una persona de buena voluntad.

Si aprovechamos este aislamiento para mejorar en todos los aspectos, quienes comiencen a conocernos quedarán gratamente sorprendidos desde el primer momento y el fin de la soledad habrá comenzado.

Acabe con la timidez

Una persona tímida no es quien se horroriza de entrar en contacto con los demás hasta paralizársele el corazón. Eso es sólo un caso extremo. Una persona tímida es más bien aquella que siente ansiedad y disgusto al relacionarse con otras a las que siente superiores o desconocidas por algún motivo. Una persona poderosa o muy atractiva, el grupo de amigos que puede “darse cuenta” de algo que uno trata de ocultar o situaciones con desconocidos en que no sabe qué hacer. Todas son situaciones donde el tímido preferiría huir. Y de hecho, las evita.

El adolescente que evita salir con amigos para refugiarse en su casa, la mujer que transpira sudor frío en grupos de extraños o el profesional que limita sus contactos a lo estricta – y forzosamente – necesario o profesional, son ejemplos de tímidos frecuentes.

Entonces, ¿qué hacer con la timidez?

Atienda sus límites. Forme una lista de situaciones y personas que le desagradan por su timidez. Ahora, con firmeza pero sin prisa, enfrente uno a uno sus temores hasta vencerlos. Con el tiempo y sus conquistas, adquirirá el valor para liberarse del problema.

Dé paseos. Una recomendación que siempre doy a mis pacientes es comenzar a dar paseos frecuentes. Además de mejorar el estado físico y favorecer la oxigenación cerebral, un paseo permite acercarnos a los demás, conocer personas, compartir momentos y aumentar los límites imaginarios de nuestro “hogar”

Use la lógica inversa. Si todos esperan conocer personas abiertas y extrovertidas, una persona misteriosa y reservada resulta hasta atractiva e interesante. Si teme acercarse y tomar la iniciativa, dirija miradas y señales de interés hasta que la otra persona – sin tantos problemas de relacionamiento – se acerque y hable. Ya entrando en contacto, la relación se hace más fluida si evitamos quedarnos mudos e inmóviles después de lo que provocamos.

Entrénese. Aproveche las relaciones que hasta ahora funcionan mejor para intentar provocar estados de humor positivos, como un experimento. Aprenda a reír y a hacer reír. Acostúmbrese a dirigir elogios a los demás y dé las gracias a los desconocidos cuando le presten un servicio. Luego puede intentar provocar los mismos estados emocionales positivos cuando esté en presencia de desconocidos, en situaciones de confianza como una fiesta, un espectáculo deportivo, una reunión social o familiar, etc.

Pida ayuda. Lo mejor que se puede hacer en estos casos es recurrir a profesionales. ¿Quién mejor que un especialista para ayudarnos a salir del agujero en que estamos metidos? Una mano externa, que no nos juzga y desea enseñarnos a actuar como deseamos y nos “limpia” la vida de los traumas que nos limitan, es lo indicado cuando “no podemos” por nosotros mismos. En lo posible, procure un especialista en desarrollo personal más que un analista. Para estos casos, lo más recomendable es el aprendizaje y la superación, alguien que le guíe en el proceso. Piénselo: ¿qué mejor paso podemos dar que salir del sufrimiento?

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(*) Acentuar lo malo: A diferencia de la caricatura que pone a una persona viendo “sólo” lo malo, el error más dañino es “acentuar” sólo lo malo, porque no negamos lo bueno, sino que comenzamos por “no niego que exista todo eso bueno pero…” y así empieza una larga lista de quejas y protestas por lo que nos ha tocado vivir. Se trata de un truco mental sumamente tóxico, porque aparenta ser objetivo al considerar “las dos caras de la moneda”, si bien no es más que de un engaño que nos mantiene constantemente en la visión negativa de las cosas.

Midiendo su salud mental

Este artículo está dirigido a ayudar a las personas a comprender que la buena salud mental es algo que se puede lograr. Hay distintas formas de conseguirlo. Aunque muchos piensan que la buena salud mental es tan importante como la buena salud física, la realidad es que una gran porción de la población no sabe cuándo puede estar necesitando una ayuda para mantener o alcanzar la buena salud mental y/o emocional que necesita. ¿Cuáles son los signos de alarma? ¿Qué se debe hacer para mantener y mejorar la salud psíquica?

Para la mayoría, la vida es una rutina diaria de supervivencia, crianza de la familia, resolución de pequeños problemas, pago de cuentas, atención de necesidades físicas y productividad. Es lo que podría ser una vida positiva, activa y gratificante. Pero, en ocasiones, el estrés y las preocupaciones cambian la actitud, el comportamiento y la capacidad de afrontar distintas situaciones. Usted puede incluso no haber notado el cambio, pero seguramente quienes le rodean sí lo han hecho.

¿Cuándo debería buscar ayuda emocional?

Cuando las cargas emocionales se vuelven abrumadoras, es necesario buscar ayuda psicológica. Esté atento/a a los sentimientos y comportamientos que sugieren esta necesidad.

- Si experimenta tristeza extrema, depresión o ansiedad con frecuencia o continuamente.
- Si tiene sentimientos de desaliento, sinsentido y/o pesimismo extremo con frecuencia o constantemente.
- Si está continuamente sintiéndose solo/a y desvalido/a.
- Si llora con facilidad y frecuencia sin razones aparentes.
- Si tiene una irritabilidad exacerbada, y muchas cosas le molestan o enfadan.
- Si no puede dormir, o duerme demasiado.
- Si discute con facilidad y entra con frecuencia en ciclos de conflicto.

Evidentemente, además de lo dicho debe buscar ayuda inmediata si tiene pensamientos de muerte o suicidio.

Aparte de la ayuda psicológica de un profesional, existen también otras herramientas que debe considerar. No hay límite para lo que podemos hacer por mantener nuestra propia salud mental. Esta lista le dará algunas ideas y puede ayudarle a encontrar muchas actividades y guías a tomar en cuenta:

- La buena comunicación ayuda: mantenga buenas relaciones con quienes le rodean.

- El balance es importante: trabajo, juego, relajación, pensamiento, alimentación saludable y ejercicio.

- Aprender a controlar el estrés, resolver problemas y descansar lo necesario.

- Buscar tiempo para hacer cosas que disfruta.

- "Mente sana en cuerpo sano". No es sólo un dicho griego. Es realmente importante. Debe preocuparse por su salud. Mejore la calidad de su alimentación, vigilando particularmente el aporte proteico, vitamínico y mineral.

- Priorizar correctamente en su vida: hacer las cosas importantes primero y aceptar la propia capacidad para ir haciendo lo que queda apenas sea posible.

- Hacer las tareas a tiempo: la dilación causa estrés y ansiedad.

- Compartir sus sentimientos con otros y escuchar lo que ellos tienen a su vez para decir.

- Siempre buscar ayuda profesional si comprende que la necesita.

La salud psicológica está directamente relacionada a los comportamientos, actitud y decisiones que se toman cada día. Sea proactivo/a. Haga algo positivo por el logro de aquello que desea y por un aumento del bienestar de todos: valórese a usted y a quienes le rodean. Y recuerde: La persona más importante para lograr su salud emocional y psicológica es usted mismo.

Mejor toma de decisiones

Uno de los motivos más frecuentes de consulta son los estados ansiológicos, es decir, aquellas situaciones donde el "deber" está por encima del "querer", y las urgencias complican las prioridades. Aprender a ordenar esas prioridades con un sentido práctico y aplicable en nuestras vidas es la primera función terapéutica a atender.

Usted tiene que tomar una decisión importante. ¿Qué hace? ¿Pasa mucho tiempo analizando la situación, toma una decisión, y todavía no está seguro de estar haciendo el movimiento correcto? ¿O decide en un momento y no se siente confiado de estar haciendo la mejor elección?

La mayoría de las decisiones se hacen después de una mirada rápida a una pequeña porción de las alternativas y factores relevantes. Con frecuencia nos apoyamos en el aspecto emocional y tomamos decisiones con un simple momento de deliberación. Para la mayoría de nuestras decisiones diarias (¿qué haré hoy para comer?), esto es apropiado. De hecho, si deliberásemos largamente sobre cada decisión, la vida se detendría y no podríamos terminar de hacer nada.

Las decisiones que enfrentamos raramente son de vida o muerte. Muchas de ellas, especialmente las complicadas, se benefician de un proceso tranquilo y estructurado.

Un proceso estructurado nos permite considerar muchas alternativas, perspectivas y factores, y nos ayuda a poner de lado la influencia emocional para mirarla con mayor objetividad. Esto generalmente dará mayor confianza en la decisión y abrirá la mente a otras posibilidades.

Por ejemplo, supongamos que usted tiene que decidir a qué universidad ir. Primero, observe su objetivo. ¿Cuál es el resultado deseado de esta decisión? Suele suceder que declarando el objetivo de distintas formas se nos abren nuevos factores y alternativas. Por ejemplo, si cambio mi objetivo de "ir a la universidad" por "obtener educación", ahora tengo otras alternativas para considerar, como institutos de formación técnica, de formación profesional, especializaciones en orientación y asesorías, etc.

Observe sus alternativas. La mayor parte de las decisiones tienen muchas alternativas. Sin embargo, es fácil quedarse atrapado sólo en un par. Saque ideas, piense. Considere alternativas tales como sus sueños, aquellas que ha eliminado por el precio, las que ni siquiera ha pensado en alcanzar, etc. Considere agregar las posibilidades del mejor y el peor de los casos, las opciones más baratas y las más caras. Trate de no censurarse en esta etapa. Permita que el proceso exponga absolutamente todas las opciones posibles.

Si tiene más que sólo dos alternativas, una técnica valiosa es ponerlas en pares y escoger entre dos cada vez. Por ejemplo, si tiene tres alternativas (A, B y C), primero escoja entre A y B, después entre A y C, y luego entre B y C. Sólo dos a la vez. Otorgue un puntaje a cada alternativa cuando la escoja. La alternativa con más puntos es la solución preferida. Esta técnica le dará una medición más rápida también, porque es más sencillo resolver entre dos alternativas que entre un listado de ellas.

Si el proceso de alternativas en pares no ha revelado una ganadora clara, es tiempo de hacer una lista de pros y contras de cada una.

¿Quién o qué influirá en su decisión?

El "quién" será su perspectiva decisora. ¿Quién tendrá algo que decir en su decisión? ¿Quién tendrá interés en el resultado de su decisión? Cada una de sus perspectivas le dará una opinión diferente sobre cuáles factores son a favor y cuáles son contras.

El "qué" serán los factores decisores. ¿Qué criterio usará para decidir? Por ejemplo, en la decisión sobre la universidad los factores relevantes podrían ser: matrícula, reputación del establecimiento, número de estudiantes, distancia de la casa, etc.

Anote cada factor en la lista correspondiente. En una universidad pública, por ejemplo, la matrícula estará en la columna de "pros", mientras que la privada la tendrá en "contras". Al final de este trabajo posiblemente ya tenga más claro qué escoger, pero si este proceso tampoco revela una decisión obvia, es tiempo de hacer un análisis más profundo.

Tome los factores que son relevantes para su decisión y asigne un valor deseado a cada uno. Por ejemplo, usted puede tener mayor interés en la reputación de la universidad que en la distancia en que se encuentra. Asigne un 5 a la reputación y un 2 a la distancia, por ejemplo, y así en adelante.

Este sistema le mostrará más claramente aún cuáles son los aspectos que le importan más, y cuál de las alternativas se acerca mejor al ideal.

La toma de decisiones puede ser un factor de estrés en la vida cotidiana. Conocer distintos sistemas para alcanzar una solución que nos deje tranquilos es fundamental para llevar este tipo de situaciones a buen puerto, y tener la confianza de que la decisión final será muy probablemente acertada.

¿Atrapado/a en su vida?

Hablemos sobre elecciones. Aunque parezcamos estar llevando una vida predecible e incambiable, no tiene por qué ser así. La vida tiene que ver con seguir sueños y apasionarse. ¿Qué queremos para esta vida? Debemos ir por ello.

A veces es difícil ver que hacemos elecciones. En ocasiones sentimos que estamos atrapados por las circunstancias o por decisiones previas que hicimos y nos han llevado a donde estamos ahora. Pero en realidad no estamos verdaderamente atrapados. Para citar un antiguo dicho, "donde hay una voluntad, hay un camino". Debemos pensar creativamente. Tal vez sea necesario acudir a fuentes externas. Incluso puede ser necesario tomar decisiones fuertes. Lo importante es que, aunque vivimos en un mundo de relaciones y no estamos solos tomando nuestra propia vía en desmedro del resto, sí podemos decidir muchas cosas respecto a la forma en que usamos nuestro tiempo, nuestro enfoque, dinero y energía.

Si tomamos algo de tiempo en aclarar nuestras prioridades, habrá un premio. Sabremos qué hay que innovar y buscaremos la forma de lograr que esto se haga realidad. No nos quedemos detenidos en el pensamiento de "es imposible" o "no hay manera". Hay una forma. Es posible. La respuesta puede ser muy distinta a la que hemos supuesto en un principio, pero de ser bien aplicada, funcionará. Salga de su caja mental, y piense... Después de todo, esta es la vida que tenemos para vivir.

¿Hay algún área de su vida en la que se sienta atrapado/a o atascado/a? ¿Qué necesita para liberarse de esa situación? Desafíese (y pida ayuda a su familia y/o amigos) y reflexione en todas las vías posibles, aún las más extraordinarias. Existe la posibilidad de que encuentre la solución, o al menos alguna vía de acción para alcanzar sus sueños. No pierda más tiempo de su recurso más valioso y limitado: su vida. Avance hoy. No se quede atrapado/a, ¡comience a actuar!

Manejando su enojo

Muchas cosas pueden producir enojo. Si usted no es capaz de canalizar la reacción psicológica efectivamente, el descontrol le hará actuar o decir cosas de las que después puede arrepentirse.

Cuando usted se enoja hay una serie de reacciones en cadena que le harán sentirse irritable, frustrado/a y miserable. Sin embargo, todas estas reacciones ocurren en su mente y los procesos mentales que le hacen sentirse así afectan a sus acciones físicas. Usted necesita entender que mientras esos sentimientos ocurren en su mente, usted tiene la capacidad de hacerse cargo de ellos y controlarlos de tal forma que pueda dirigir las acciones que ejecutará a continuación. Todo se trata de tener la elección de hacer o sentir lo que desea. Puede sentirse mal, o puede motivarse a usted mismo/a. Cualquier cosa que haga, siempre será su elección.

Aquí mencionaremos entonces algunos métodos que le ayudarán a manejar su enojo o ira:

1. Analice la situación que le hace enojar

Vea cómo y por qué se siente así. El enojo puede ser causado por un evento externo, como quedarse detenido en un atasco de tráfico y tener la preocupación de llegar tarde a una cita importante. También puede deberse a un evento interno, como por ejemplo, que alguien dijera algo sobre usted que no es cierto. Le hará sentir resentimiento y enojo contra esa persona y probablemente querrá rectificar esa situación. En ambas situaciones, si está imposibilitado/a de hacer algo porque va más allá de su control, se siente furioso/a, y esto afecta su pensamiento y su habilidad de razonar. Allí es cuando debe canalizar su ira. Intente resolver la situación si puede, y si no es posible, aprenda a seguir adelante. Quedarse ofuscado, aferrado a lo que ha ocurrido, sólo empeorará las cosas para usted.

2. Analice a las personas

Aquellos que están en su vida pueden influenciarle en más formas de las que piensa. Si siempre está en compañía de personas que tienen la tendencia de perder los estribos con facilidad, esto también afectará su sentido de balance interior. Cuando usted alterna con gente de ese tipo, terminará posiblemente actuando parecido.

Tal vez no pueda siempre evitar a esa clase de personas, pero en ese caso será positivo mantener la conciencia de que usted es quien está a cargo de sus propios sentimientos.

Intente asociarse con personas calmadas y pacíficas. Observe cómo manejan sus enojos y busque la forma de imitarlos en eso. El ser humano tiende a adquirir con facilidad los vicios y las virtudes de quienes les rodean.

3. Aprenda a reírse de los errores que cometa

La vida no siempre es fácil. Usted encontrará obstáculos y en ocasiones se caerá. Si cada vez que pasa algo malo usted se enoja y dice: "¿¡Por qué a mí!?", le resultará difícil encontrar paz en su interior. La verdad es que a todos les ocurren cosas malas, y todos cometen errores, o sufren problemas en algún momento de sus vidas. Cuando pensamos que lo que nos ha ocurrido es desafortunado e injusto, olvidamos que la vida se compone de estos vaivenes, y que podemos ponernos de pie y superarlos, o quedarnos ofuscados en el suelo.

La única forma de manejar el sentimiento de pavor que nos lleva a la ira es aprender a reírnos de los errores que cometemos. Cuanto más sea usted capaz de hacerlo, mayor paz interior alcanzará, y mejor manejará las situaciones y a las personas que le han hecho molestarse.

4. Desarrolle una buena auto-imagen

Se trata de su habilidad de visualizarse a usted mismo/a como quien es y lo que es capaz de hacer. Si usted tiene baja autoestima, entonces sus acciones reflejarán esa auto-imagen negativa, afirmándole en el concepto equivocado. Por el contrario, si mantiene una buena autoestima, actuará adecuadamente, y recibirá de los demás el respeto que corresponde.

Una carencia de auto-imagen con frecuencia indica un sentimiento de inseguridad y un miedo a lo desconocido o incierto. Esto le impedirá tomar buenas decisiones y creará una sensación latente de enojo dentro suyo. Si no se hace nada, este sentimiento crecerá hasta convertirse en emociones tóxicas tales como odio, envidia y furia, que le causarán consecuencias funestas.

Usted puede aumentar su autoestima confiando más en sus habilidades y capacidades. La fe en sí mismo le hará ser y hacer lo que desea. Sólo quien tiene fe en sí mismo puede resultar confiable a los demás.

Ataques de pánico

"De pronto, siento una tremenda ola de miedo por ninguna razón. Mi corazón late desbocado, me duele el pecho, se va haciendo difícil respirar. Creo que voy a morir".

"Tengo tanto miedo. Cada vez que voy a salir, tengo un horrible sentimiento de vacío en el estómago, y tengo el temor de que me venga otro ataque de pánico, o de que otra cosa terrible y desconocida vaya a suceder".

Los ataques de pánico aparecen repentinamente, sin una causa aparente ni dar aviso. Estos episodios pueden ocurrir en cualquier momento, incluso mientras se duerme. Una persona que los experimenta puede creer que está sufriendo un ataque de pánico o que su muerte es inminente.

El miedo y el terror que se experimenta en este estado no está en proporción con la verdadera situación y puede no tener relación con lo que está ocurriendo a su alrededor.

Entre sus síntomas, pueden incluirse:

- Latidos fuertes o acelerados del corazón.
- Dolor del pecho
- Molestia estomacal
- Vértigo, mareos, náuseas
- Dificultades para respirar, sensación de sofoco
- Zumbido o entumecimiento de las manos
- Acaloramientos o escalofríos
- Sensación de adormecimiento o distorsión de la percepción
- Terror: la sensación de que algo inimaginablemente horrible va a ocurrir y que uno es incapaz de evitarlo
- Miedo de perder el control y hacer algo embarazoso
- Miedo de morir

¿Qué son los ataques de pánico?

Los ataques de pánico pueden ser síntomas de un desorden de ansiedad. Estos ataques son un problema creciente en esta época. Muchos adultos han tenido uno de estos ataques alguna vez en
su vida.

Los síntomas son diferentes de otros tipos de ansiedad, porque aquí son repentinos y con frecuencia inesperados, aparecen sin provocación y con frecuencia inhabilitan al que los sufre.

Un ataque suele alcanzar su punto más alto dentro de los diez minutos, pero algunos síntomas pueden llegar a durar mucho más.

Una vez que una persona ha tenido un ataque de esta índole, mientras conduce, compra en un negocio lleno de gente, o sube por el ascensor, por ejemplo, puede desarrollar temores irracionales, llamados fobias, en relación a estas situaciones, y comienza a evitarlas.

Eventualmente, este patrón y el nivel de ansiedad sobre la posibilidad de otro ataque, puede alcanzar el punto en donde el individuo sea incapaz de conducir o incluso de poner un pie fuera de su casa. En este caso, la persona tiene un desorden de pánico. Por eso, los desórdenes de pánico tienen un impacto muy serio en una vida cotidiana del que los sufre, y requiere de un tratamiento efectivo para ayudarle a solucionar el problema.

¿Qué causa de los ataques de pánico?

De acuerdo a una teoría, el "sistema de alarma" normal del cuerpo, el conjunto de mecanismos mentales y físicos que permiten que una persona responda ante una amenaza, tiende a gatillarse innecesariamente, cuando no hay peligro.

Los científicos no saben exactamente por qué ocurre, o por qué algunas personas son más susceptibles a este problema que otras.

Con frecuencia, los primeros ataques pueden aparecer por una enfermedad física, un momento especialmente estresante de la vida, o tal vez por medicaciones que aumentan la actividad de una parte del cerebro involucrada en las reacciones del miedo.

¿Cuáles son los actuales tratamientos?

Gracias a las investigaciones, hay distintos tratamientos disponibles, incluyendo mediaciones efectivas, y formas específicas de psicoterapia.

Cuando se usan en la persona apropiada, con un monitoreo constante, las medicaciones pueden ser bastante efectivas como parte del tratamiento de un desorden de pánico. Sin embargo, como cualquier cosa ingerida conlleva el riesgo de efectos secundarios, es importante trabajar de cerca con el doctor para decidir cuál es el tratamiento que debe administrarse en cada caso particular. Además, la medicación no tiene una influencia totalmente directa sobre la psicología de la persona, que debe aprender a afrontar de una manera diferente sus conflictos, y allí es cuando ingresa la segunda parte del tratamiento.

El componente de psicoterapia es muy importante. De hecho, la combinación de medicación y psicoterapia es mucho más efectiva que el uso de una sola parte. Para calmar la ansiedad, la terapia cognitiva de comportamiento es bastante aceptada como una forma efectiva de psicoterapia. Esta forma de terapia busca ayudar a quienes sufren ataques de pánico identificando y disminuyendo los pensamientos y comportamientos irracionales que refuerzan los síntomas del pánico. Las técnicas de comportamiento que suelen usarse para disminuir la ansiedad incluyen técnicas de relajación y el aumento gradual de la exposición a situaciones que antes acrecentaban la ansiedad del individuo.

Con frecuencia, una combinación de psicoterapia y mediaciones produce buenos resultados. La mejoría es usualmente notada en un período bastante corto, alrededor de dos o tres meses. Un tratamiento apropiado de desorden de pánico puede prevenir de ataques o al menos reducir sustancialmente su severidad y frecuencia, trayendo del 70 al 90% de personas que los sufren.

También hay cosas que las personas con este problema pueden hacer para colaborar con la efectividad del tratamiento. Deben evitarse sustancias como cafeína, alcohol, drogas ilícitas, que pueden empeorar los ataques de pánico. Puede ser muy útil hacer ejercicios aeróbicos, y técnicas de control del estrés tales como ejercicios de la respiración y yoga.

Además, quienes tienen desórdenes de pánico pueden necesitar tratamiento para otros problemas emocionales. La depresión suele estar relacionada con estos desórdenes, al igual que el abuso de alcohol y drogas.

Recientes investigaciones sugieren que los intentos de suicidio son más frecuentes en personas con desórdenes de pánico. Afortunadamente, estos problemas asociados con el pánico pueden superarse efectivamente, así como el desorden de pánico mismo.

Trágicamente, muchas personas con ataques de pánico no buscan o reciben tratamiento.

¿Qué ocurre cuando no se tratan los ataques de pánico?

Los ataques de pánico tienden a durar meses o años. Mientras suelen comenzar en la adultez joven, en algunas personas los síntomas pueden surgir antes o después en su vida.

Si se deja sin tratamiento, puede empeorar hasta el punto en que la vida de la persona se vea seriamente afectada por ataques de pánico y por sus intentos de evitarlos. De hecho, muchas personas han tenido problemas con amigos y familia, o perdido trabajos, intentando controlar sus ataques de pánico.

Puede haber períodos de mejoría espontánea en los ataques, pero no suele desaparecer por completo a menos que la persona reciba los tratamientos diseñados específicamente para ayudar a quienes sufren este desorden.